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Sobre el aborto.

La imparcialidad no es precisamente el camino más fácil. La confrontación y defensa de nuestras posturas fortalece nuestra identidad y también habla de nosotros ante otros. Para algunos nuestras posturas ideológicas hablan de nuestra cultura, intelectualidad y para otros de nuestra calidad humana, pero yo creo que habla de los recursos con los que contamos y desde los cuales enfrentamos la vida.


Para empezar, quiero decir que creo firmemente en que la fuente y dueño de mi vida es Dios, y que sólo el que es capaz de darla tiene la soberanía de interrumpirla o quitarla, pero también creo que Dios imaginó una vida digna para mí, y para cada uno de sus hijos. No creo que la despenalización del aborto sea una sugerencia para despreciar las vidas futuras, o un soporte alcahueta de nuestra irresponsabilidad y violencia sexual, simplemente es una reacción, una respuesta desesperada a muchas situaciones de inequidad, desinformación, irrespeto y vulneración a las que se ven sometidas muchas mujeres.


También creo que la vida es un tesoro, que el que usted o yo hayamos nacido y desarrollado hasta ahora, es una fortuna y se lo debemos en gran medida a la decisión de nuestros progenitores de seguir adelante. Sin embargo, alguno de ustedes le ha preguntado a mamá: ¿Cuánto deseabas ser mi mamá? ¿Sentiste miedo cuando te enteraste? ¿Te sentías preparada? ¿A cuántas cosas renunciaste? ¿Qué fue lo más difícil?


Desafortunadamente, en Colombia, muchas mujeres no pueden acceder a la educación, protección, planificación ni al acompañamiento para crear un proyecto de vida que les sugiera que su vida no fue dada exclusivamente para procrear. Muchas niñas en pobreza extrema ven como salida de dinámicas extremamente violentas crear un hogar “aparte”, poderle dar un hijo a un salvador que las retire de hogares negligentes o explotadores. Y así, un sin número de casos particulares que han sufrido por generaciones las mujeres en mi país.


Es doloroso pensar en que esto será tomado sin conciencia, y sin amor, incluso pienso que, si esto hubiese sucedido antes muchos de nosotros y los nuestros no estarían.

¿Cuántos fuimos realmente deseados? ¿Con qué recursos contaron nuestras mamás? ¿Las mamás de nuestros padres?


Estoy harta y agotada de que todo sea una razón para separarnos en bandos, para enemistarnos por nuestras posturas: que si Dios existe, que si soy feminista, que si voy a votar por X o Y… Todo resulta en la separación y diferenciación del otro, y no me permite amarlo, comprenderlo y darle la mano.


No más voltear el rostro, mirar con desaprobación y darnos la espalda, eso nos seguirá llevando a hacer frente a problemas estructurales, injustos y dolorosos con respuestas desesperadas. La interrupción voluntaria de una vida en nuestro vientre no terminará con las dinámicas que producen maternidades no deseadas, hay muchas más cosas en las cuáles trabajar, a nivel individual con las niñas, jóvenes y adultas, y a nivel colectivo con la soberanía descarada, intrusiva y violenta de la sociedad.


Sólo me queda por decir, gracias Dios por todas las vidas en condiciones dignas que continuarán a partir de ahora.



 
 
 

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© 2026 Angela Carrero Gaitán | Psicóloga & Consultora en Wellbeing Organizacional
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